sábado invernal en la capital de Andalucía. Almuerzo, descanso, me ato los cordones y aprovecho el día libre para desconectar. Pero, ¿desconectar de qué? ¿Acaso tengo responsabilidades tan grandes para tener que desconectar, acaso me genera estrés lo que hago asiduamente, acaso tengo mala suerte?
Quizás debería tomar más responsabilidades de las que tomo, quizás trendría que concentrar mis esfuerzos en lo verdaderamente importante, quizás es hora de valorar más mi situación.
desde mis últimas líneas muchas cosas han cambiado.
el clima, la ciudad, la casa, el futuro, el presente, la mente, yo.
muchas otras siguen como entonces, ni los del Peñón se entienden con los que no son del Peñón, ni la religión se entera de como va la película, ni siquiera la mayoría de la población se da cuenta de cómo somos usados y tirados cada hora.
Terminé una carrera vocacional que me abrió la mente y me hizo desconfiar de casi todo lo que me rodea, para empezar una nueva etapa y cometer la mejor equiVocación de mi vida, empezar a estudiar cocina.
Sin que llegase a ser un punto de inflexión, sirvió para darme cuenta que estamos aquí de paso y si no dejamos huella haciendo lo que verdaderamente nos gusta, pasaremos por la vida dentro del montón.
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no he crecido entre fogones, no he crecido con un cebollero en mi mano derecha, ni siquiera tengo recetas en la memoria que me hayan marcado la infancia, ni me puse un mandil por primera vez con cinco años, ni siquiera mis padres me dijeron que debía estudiar cocina porque mi familia vivía de ello.
Hay dos recuerdos que siempre llevaré grabados por diferentes motivos, el de mi abuela Pepi haciendo esos caldos transparentes mientras yo cortaba apios y puerros con un cuchillo de plástico y los sábados de plaza con mi Padre después de desayunar en "Los Negros" con los demás estibadores portuarios.
ahora lo agradezco todo, porque mi camino no estaba escrito, despertándose en mí la curiosidad por cocinar cuando me fui a Holanda, y algunos otros días que me quedaba solo en casa, rezando por que mis padres no vinieran pronto, sino la humareda formada, bien por la grasa quemada de un Magret de Pato cuando intentaba hacer un aceite aparte, bien por unos huevos carbonizados, iba a poder con ellos y mi madre no me perdonaría que sus preciadas cortinas de la cocina quedasen impregnadas por ese olor ahumado que ahora hasta venden en botecitos.
La madurez le llega a cada uno en un momento determinado. La equiVocación que cometí hace que me pregunten porqué estudié Relaciones Internacionales para acabar haciendo un grado superior en Cocina. Desgraciadamente son muchos los que siguen viendo la cocina como una oportunidad cuando se han desperdiciado todas las balas, Afortunadamente no lo veo así.
la maravillosa sombra de los cincuenta años que tiene la casa madre de los Córdoba en la Vid de Cádiz hace que cada día que llegas a la escuela den por hecho que lo sabes todo "porque lo has mamado", que no te tomen en serio cuando tienes una duda, que te comparen con aquellos que llevan más de treinta años en el duro mundo de las Hostelería, que se rían de ti e incluso te auguren un muy mal futuro, argumentos de gente mediocre.
Trabajar duro, leer mucho, aprender cada día y humildad, mucha humildad. La única receta que a día de hoy sé que nunca falla.
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