miércoles, 23 de noviembre de 2011

Poder y no querer...

Si escribo esto no es para poder tener otra entrada que publicar..
Si escribo esto tampoco es para que nadie me aplauda...
Se lo escribo es para que tú, al igual que yo, te des cuenta de que la situación debe cambiar, desde la Ley D'Hont hasta el sistema político y económico mundial que nos está llevando a la ruina.

Nos quedamos sentados en casa viendo como pasan las noticias por nuestras retinas, pero no nos paramos a pensar no lo más mínimo en las trascendencia que muchas veces tienen las mismas, porque si usted o yo hubiéramos desviado dinero ya le digo que al menos estaríamos en prisión preventiva y escribiendo y leyendo respectivamente bajo barrotes.

Pero claro, pesa mucho de donde provenga una y otra persona a la hora de tomar decisiones que al que afectan de verdad es al ciudadano.

Todos hablan del discurso de Mariano al conocer el resultado de las elecciones generales del pasado domingo que le convertían en el nuevo presidente del gobierno tras la mayoría aplastante cosechada por los populares.

Yo también comenté, pero como persona inconformista que soy me quedé esperando un "señoras y señores, mañana mismo me pongo a trabajar para solucionar los problemas de este país, y lo primero que haré será bajarme al sueldo".

Pasaron las horas, y yo, iluso, me quedé esperando.

Ejercí mi derecho al voto, pero esto solo lo puedo hacer cada cuatro años y parece que el resto del tiempo lo único que podemos ejercer es el derecho a resignarnos.

Cuando vuelva a vivir a la península allá por Julio, espero encontrarme una AAA en la calificación de nuestra economía y un cifra de parados menos a cuatro millones.

Soñar es gratis...¿O también habrá que pagar impuestos por ello?

martes, 15 de noviembre de 2011

Sin título.

No importa la hora a la que empiezo a escribir esto...

Tampoco importa el porqué...

Ni mucho menos si tiene un título bonito...

Sólo importa el sentir...

Sentir como tu alma no puede más, no puede pasar ni un segundo mas mintiendo, no puede dejar de pensar en todo lo que quiere a tu lado, ni puede perder más tiempo en preguntas absurdas...

Solo quiere tomar el primer tren que le lleve al primer avión y éste, al primer autobús hasta tu calle...

¿Alguien me puede decir donde esta la Calle Cabrera de Nevares? Yo, jamás lo olvidaré.

Siguen pasando los segundos, los minutos, las horas, los días y hasta los meses y mi alma sigue teniendo una pena, la pena de no poder darte todo lo que se calla, todo lo que más pronto que tarde, el destino ha reservado para los dos...

No olvides que bajo un árbol la magia floreció, y que cuidaré de ella día a día...

domingo, 13 de noviembre de 2011

Esta mañana al despertarme...

...miré el reloj y vi que era la hora de la Fórmula Uno, y como si de un viaje en el tiempo se tratara puse la carrera, si, La Carrera. Esta vez tocaba en un lugar remoto que tuve la suerte de visitar junto a mis padres y a mi hermana hace tres semanas y algo.

Abu Dhabi, la capital de los Emiratos Árabes Unidos, un lugar que crece a pasos agigantados mientras  España decrece aún más rápido. Paraíso para los multimillonarios y lugar de admiración para los que no lo son.

Llegamos procedentes de la estación madrileña de Atocha hasta el Aeropuerto de Barajas rumbo a "Marrakech", o eso creía mi hermana. No fue hasta llegar a la puerta de embarque cuando supo que nuestro destino era Dubai. No pudo contener la emoción al ver que nos íbamos a "ese lugar que siempre sale en Megaconstrucciones".

Pues si, y después de siete horas de vuelo llegamos al Aeropuerto Internacional de Dubai, que nos recibía con 36º a las dos de la madrugada y una humedad insoportable.

La llegada al hotel también fue emocionante ya que se trataba del Atlantis The Palm. todo lujo y excentricidades desde que te bajabas del taxi.
Hall del Hotel Atlantis the Palm


Fueron apenas cinco días y medio los que estuvimos por los Emiratos pero nos dio para mucho. Desde nadar con delfines, pasando por conducir un boogie en el desierto o subir al Burj Khalifa, edificio más alto del mundo.

Otra experiencia que no olvidaré jamás fue la de almorzar en el Burj Al Arab, a unos 300 metros de altura. Fue genial, sobre todo por la compañía de mis padres y de mi hermana.

Los Jiménez Córdoba en Al-Muntaha. Burj Al Arab Hotel


También tuvimos la suerte de visitar el espectacular y moderno circuito de Formula 1 de Yas Marina, al igual que el parque temático Ferrari World, pero si algo me sorprendió en el vecino emirato de Abu Dhabi, fue sin lugar a dudas la Mezquita.

Nada mas llegar, a mi hermana y a mi madre le hicieron vestir el traje negro que lucen las mujeres en los Emiratos, y más aun en la mezquita. Al ser horario para visitas las mujeres podía entrar en cualquier parte de la mezquita, porque durante las horas de rezo tiene habilitadas unas salas solo para ellas.

Sorprende desde la alfombra (manufacturada en Irán, se trata de la más grande del mundo) o la lampara principal (fabricada en Alemania y tambien la más grande en el mundo), pero nada como el mármol y las incrustaciones de piedras preciosas traídas desde India y África.
Con mi hermana en la Mezquita de Abu Dhabi

No quiero que se me pase nada, y aunque sea difícil no olvido las cenas en el restaurante japonés Nobu, la visita al Zoco de Dubai, las mañanas con mi hermana en Aquadventure o los cuatro en The Lost Chambers, las fotos en todos los sitios saltando que me hice, las vistas de los rascacielos desde la calle, las paradas de metro tan, pero tan modernas, la playa del hotel, la hospitalidad de la gente...

Lo que jamás se me olvidará es que pasé los mejores días de mi vida junto a las tres personas que más quiero y que mas me quieren en este mundo, como son mi padre Manolo, mi madre Mayte y me hermana Miriam.

A ellos y solo a ellos les debo todo y les doy de nuevo las gracias pensando que en mes y poco vuelvo a Cádiz...

Soñando con volver de nuevo...

también pensando que durante esos días cumplió la mayoría de edad americana una persona muy especial a la que extraño mucho...

domingo, 6 de noviembre de 2011

Pequeños paraísos nórdicos

Vista de Gamla Stan desde el ferry

Porque Gamla Stan lo es.

Cuando aterrizamos en Stockholm Skavsta, aeropuerto regentado por la compañía de bajo coste más famosa, sabia que esa experiencia nunca la olvidaría. Fuimos siete amigos estudiantes al igual que yo aquí en La Haya. Seis españoles; Dani, Eva, Lara, Laura, Henar y el que les habla, y un húngaro, el osado Tamás.

El autobús que nos llevaba hasta la estación central de Estocolmo era muy cómodo pero a esas horas (00:30) y después de haber salido de La Haya a las 17:00 estábamos todos rendidos. Por fin a la una y pico de la mañana llegamos a Estocolmo. Algo de frío y casi toso los locales de restauración abiertos a esas horas, cosa que nos sorprendió gratamente. Encontrar el hostal nos llevó un rato y cuando llegamos nos falto tiempo para elegir cama (litera) y cerrar los ojos hasta la mañana siguiente.

No perdimos la oportunidad de visitar parajes en los que te perderías días y días, como Vaxholm, isla a la que había que llegar en ferry o bus. Lluvia a ratos, sol en otros (incluso tuve la osadía de pasearme algún tiempo en manga corta). El palacio real, el congreso, la ópera, la plaza central de Estocolmo, el ayuntamiento, islas, islas y más islas.
Plaza Sergels en Estocolmo

Pero sobre todo Gamla Stan, casco antiguo de Estocolmo. Lugar con encanto donde los haya, para perderse por sus callejuelas y rincones horas, días o semanas. Una autentica maravilla desde la que uno tiene vistas privilegiadas de toda la ciudad.

El empedrado de las calles y la antigüedad de los edificios hacían de Gamla Stan visita obligada en tu paseo por Estocolmo. Fueron tres de los cinco días que estuve los que no dudé en adentrare por sus calle, y cada día descubría lugares nuevos, ya fuera para contemplar una puesta de sol o para degustar las típicas albóndigas de reno.

Calles con encanto...

Porque hay lugares a los que deseas volver cuanto antes, apunto este a mi lista. Recordar que en estos días pensé mucho sobre mi futuro, algo incierto por aquel entonces. No solo pensé en el futuro académico sino en la oportunidad que me estaba empezando a dar de nuevo la vida...

Stamkartplein 146 A

Si, Stamkartplein 146 A, porque Stamkartplein 146 B es mi compañero de cuarto, Fernando, aunque si digo que solo es mi compañero de cuarto me quedo corto, ya que lo es de clases desde hace tres años en España y lo es ahora en cada una de las clases que tengo en la Universidad de La Haya.

Prometí ser constante, pero la constancia cuesta, sobre todo al principio, así que a partir de hoy voy a serlo y de verdad.

Son tantas las coas que llevo dos meses y medio viviendo que no se por cual empezar. Por ejemplo con los viajes que hemos realizados y de los que me ocuparé en próximas entradas, siguiendo por las noches en Laan o aquí, en la Red Tower, y acabando por los homenajes con mi amiga Henar en el restaurante japonés 'Sumo'.

Aquí aún no ha llegado el verdadero inviernos porque no son pocos los días que voy a clase con una "camisetilla" y poco mas. Aunque cuando toca ponerse a defender la portería del Spain Team, hay si que me equipo con todo lo necesario. Dani Gil, Dani Navarro, Miguel, Manu, Nando, Pablo, Txitxo y un servidor formamos ese equipo con el que pretendemos ganar la liga de la universidad. Hasta ahora una victoria y una derrota en nuestro casillero y muchas ganas de pasar buenos momentos.

Como he faltado a mi cita con el blog durante algún tiempo aún estoy en la fase introductora de mi vida holandesa a la que le iré sumando capítulos de días en la playa, en Utrecht, Delft, Leiden y como no Amsterdam.

También tendré tiempo para reflexionar ya que los días aquí dan para mucho a pesar de que pasen volando.
Nada ni nadie se librará de ser mencionado aquí, empezando por tí, y acabando por mis padres y esas maravillosas vacaciones en los Emiratos Árabes Unidos y mi escapada a Cádiz y Madrid, y el viaje a Estocolmo. Experiencias todas ellas maravillosas.

Me despido hasta muy pronto con una imagen, o más bien la imagen que tengo cada vez que cojo el tranvía. La Red Tower ser alza hasta los ventiún pisos de altura dejándonos imágenes singulares de La Haya desde su azotea. Por cierto precioso lugar.