Decía el escritor italiano Arturo Graf que "el saber y la razón hablan; la ignorancia y el error gritan".
Sobre el magnífico Ciclo de Conferencias en conmemoración de los 300 años del Tratado de Utrecht llevado a cabo en el Colegio Mayor San Juan Bosco de Sevilla se puede sacar una primera idea muy clara y concisa; cuando se habla de Gibraltar, el término de Generación Ni-Ni queda muy demostrado, ya que ni se escucha ni se quiere escuchar, ni se sabe ni se quiere saber, o como bien dijo Francisco Oda, el conflicto se convierte en "un diálogo de sordos".
Cuando se habla de un contencioso tan complejo como el de Gibraltar, de 300 años de historia y donde en pleno siglo XXI casi todas las vías posibles parecen estar agotadas, es más importante que nunca el dialogo, pero el dialogo entre personas que se quieran escuchar mutuamente, que respetan las opiniones argumentadas de la otra parte, y que abogan por una solución acorde al mundo en el que vivimos.
Durante estos dos días de conferencias, algunas han sido magistrales, como la de Juan José Téllez o Francisco Oda, otras como la del Ministro Principal de Gibraltar, Fabian Picardo, que bajo mi punto de vista fue magnifica tanto en su forma como en su contenido, y otras en las que los argumentos desde un punto de vista jurídico son respetables , pero como he citado al principio, la ignorancia y el error gritan, por parte de conferenciantes, que parecían tener la razón suprema en el marco jurídico y solo nombraban aspectos sociales cuando la tesis jurídica no era lo suficientemente fuerte y por parte de personas que acudieron a las conferencias y se dirigían a los ponentes sin el más mínimo respeto y con un total desconocimiento.
Yo no me vendo al mejor postor, al que más me argumente. No me dejo llevar por ideologías que buscan el beneficio propio. Yo no creo en cortinas de humo para tapar las miserias de un país que engorda día tras día las listas de desempleados. Yo solo creo en las personas, en el diálogo y en el buen entendimiento.
La diplomacia en los despachos se ejerce con mayor o menor fortuna, pero la diplomacia en las calles, tanto en el Campo de Gibraltar como en Gibraltar no se lleva a cabo. Quizás sería momento para dejar de ignorar lo que sabemos, abrir los ojos, tratar al prójimo como nos gustaría que se nos tratara y de ver la realidad que existe en Gibraltar y de buscar el fin a un conflicto que perjudica tanto a gibraltareños como a españoles, sobre todo los que trabaja en el Peñón.
Si todo esto no le parece suficiente, por la autovía se llega fácilmente al Peñón. Le invito a andar por sus calles empedradas, a sorprenderse cuando escuchen un "Hello" ¿qué pasa picha?" y cuando descubra la cordialidad con la que se vive.
Porque, como sabiamente dijo Juan José Téllez "las peores fronteras del ser humano son las de la conciencia".