Ante todo recalcar que ni estudio arquitectura, ni ingeniería, y menos aún economía.
Simplemente voy a aprovechar la coyuntura del momento (cinco grados y bajando, calefacción a pleno rendimiento en mi hogar y una estufa recién comprada) para hablar de lo que pasa cuando gente sin preparación alguna (algo así como los políticos) se ponen a desempeñar labores que desconocen.
Ese es el caso de algunos obreros de este nuestro país, que una mañana se levantaron, miraron sus bonitas tierras, hablaron con el concejal de turno, recalificaron sus tierras, y se pusieron a jugar a ser constructores, promotores, ingenieros, etc. Resultado, el "boom inmobiliario", al que le siguió la crisis del ladrillo, y después la crisis "del carajo", en la que estamos inmersos actualmente.
Baso mi idea en el frío que hace en mi casa, en el muro de cartón piedra sobre el que me apoyo mientras escribo con miedo a que se venga abajo, a los aislamientos, al congelador que es mi cocina, a las puertas de "papé de fumá" y a la factura del gas que me va a llegar en los próximos días.
Puedo decir casi con total seguridad que todas y cada unas de las palabras que he escrito son verdad, y quién piense lo contrario y crea que me quejo por gusto, que me traiga al constructor, promotor, o a quien le dé la gana y me diga si llevo o no razón.
Si no sabes donde vivo, tampoco creo que te importe demasiado, porque tú también estarás con cuatro mantas, la calefacción hasta arriba y esperando la factura del gas.